«Faber est suae quisque fortunae»

(Apio Claudio)

«Hinc tibi certandi bona parcendique uoluptas:

quos timuit superat, quos superauit amat»

(Rutilio Namaciano)

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miércoles, 1 de noviembre de 2017

El discurso de Aristóbulo de Juan sobre NPLs en la Junta Europea de Riesgo Sistémico

El «Informe Larosière», de 25 de febrero de 2009, recomendó, entre otros aspectos, la creación de un órgano de la Unión Europea encargado de la supervisión de los riesgos en el conjunto del sistema financiero. Esta labor de supervisión macroprudencial se ha encomendado a la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) [Reglamento (UE) 1092/2012, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 24 de noviembre de 2010].

La JERS tiene su sede en Fráncfort del Meno, al igual que el Banco Central Europeo. De hecho, la JERS está presidida por el Sr. Draghi.

En la sede del Banco Central Europeo se celebró los pasados días 21 y 22 de septiembre la Segunda Conferencia Anual de la JERS, inaugurada por el Sr. Draghi. 

Al programa completo, y a una buena cantidad de contenidos escritos y audiovisuales, se puede acceder en la web de la JERS.

En esta Segunda Conferencia Anual se ha tratado, entre otros temas, sobre regulación macroprudencial, los retos y el futuro de la Unión Bancaria, los llamados “non-performing loans” (NPLs) del sector bancario o la banca en la sombra.

En relación con los NPLs, nos ha llamado la atención la intervención de Aristóbulo de Juan, con el  título “Dealing with NPL in Europe”. Tanto la presentación como la propia ponencia son accesibles desde la web de la JERS.

De Aristóbulo de Juan no vamos a realizar aquí una presentación, por innecesaria, pues debería ser conocido de sobra por cualquier persona con una mínima experiencia y responsabilidad en la práctica bancaria o en su supervisión. Nos remitimos, por lo demás, a la presentación que realiza de sí mismo en el texto de la ponencia (pág. 3).

El Banco Central Europeo, en su faceta no monetaria sino supervisora, incide recurrentemente en que los administradores de las entidades de crédito bajo su vigilancia deben disponer de “independencia de ideas” (“independence of mind”) para “retar” (“challenge”) a los ejecutivos y a la alta dirección de cada banco, y evitar caer en la estrechez del llamado “pensamiento de grupo” (“group thinking”).

Se aprecia con nitidez que esta “independencia de ideas” concurre en De Juan, lo que le permite, como se desprende de su discurso, poner de relieve aspectos que alcanzan de lleno a la actividad supervisora desplegada en estos años por el Banco Central Europeo, o a los que no se presta la debida atención.

Solo así se entiende que pueda afirmar, ante el presidente del Banco Central Europeo y de la JERS, entre muchos otros, que se ha desplegado un gran esfuerzo regulatorio y supervisor en Europa pero que “a veces tienes la impresión de que una estricta regulación y supervisión se suavizan por las autoridades europeas en beneficio de una hipotética estabilidad del sistema financiero o la economía” (apartado 5 del discurso, pág. 5), a la espera de una futura y “bella normalidad” que quizás, como la visita norteamericana en “Bienvenido, Mr. Marshall”, nunca llegue… 

Esta referencia nos recuerda la cita de De Juan a San Agustín contenida en el capítulo 12, en su comienzo, de “De buenos banqueros a malos banqueros” (Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, S.A., Madrid, 2017): “Dame la castidad y la continencia… pero todavía no”. Añadimos que quizás venga al caso precisar que, para San Agustín, el hombre carnal de la “Ciudad Terrena” se contenta con la precaria paz que puede conseguirse en este mundo…

Para De Juan es una paradoja que, tras diez años de crisis y tratamiento de choque regulatorio y supervisor, muchos bancos arrastren una pesada carga de NPLs pero alcancen unos niveles satisfactorios de capital en sus libros. 

La parte no provisionada de los activos improductivos no genera rendimientos, como es obvio, pero las responsabilidades asociadas a esos activos implican tanto un coste como una salida de efectivo, es decir, tanto una pérdida como un empeoramiento de la liquidez que impacta en los bancos.

La actual estabilidad es vulnerable, pues se sustenta, entre otros factores, en la liquidez, la cual, en opinión de De Juan, hace perder la percepción del riesgo y conduce a la formación de burbujas, sin dejar de mencionar la nueva ola desreguladora auspiciada por Donald Trump y el riesgo geopolítico con sus numerosos frentes.

Todo esto le permite señalar que habría que atajar los problemas del sistema financiero, como los NPLs, sin miedo a las potenciales consecuencias, pues esperar con los brazos caídos puede conducir a una nueva y seria crisis, más pronto que tarde.

Si los bancos europeos retienen tantos préstamos y activos improductivos en su balance ello se debe en la mayoría de los casos a que no están adecuadamente provisionados y a que su venta materializaría pérdidas. Además, el exceso de liquidez en el mercado desincentiva su liquidación, aunque siempre hay un mercado para cada precio.

Específicamente, en relación con los NPLs, destacamos algunas de las ideas del discurso de Aristóbulo de Juan:

- Los bancos con problemas los ocultan, lo que lleva a que la información en libros no sea de fiar.

- Si se trata de bancos sistémicos, su complejidad y poder puede dificultar todavía más la supervisión.

- La información sobre los bancos debe estar verificada por el supervisor; la información basada en análisis a distancia, la auditoría, los informes, los modelos, las pruebas de resistencia, la evaluación de activos ponderados por riesgo o el cumplimiento de los requerimientos de capital puede ser insuficiente.

- Los peores préstamos (por tamaño y riesgo) se disfrazan con frecuencia como buenos, muchas veces por medio de su pretendida reestructuración, por lo que no quedarán registrados como “malos”, y, por tanto, las pérdidas ocultas no estarán cubiertas, y los resultados y el capital en los libros serán ficticios.

- En consecuencia, ¿qué evaluación de activos será fiable? En la experiencia de De Juan, lo será la basada en inspecciones presenciales caso a caso, lo que permitirá que las provisiones sean las adecuadas, así como la suspensión de los ingresos devengados y no satisfechos, combinación que se presenta como la “más efectiva medicina preventiva” e impedirá que siga creciendo la “bola de nieve” de las pérdidas ocultas. Admite que esta supervisión presencial podría sonar a algunos como una herramienta incómoda y propia de la “Edad de Piedra”, aunque la experiencia adquirida en anteriores crisis y en diversas jurisdicciones confirma su efectividad y, por ende, su pertinencia. También se alega que esta supervisión presencial requiere mucho personal y provoca altos costes: la ausencia de supervisión o una inspección superficial son mucho más caros, alega De Juan.

- La responsabilidad de la existencia de NPLs es, por supuesto, de los gestores del banco, pero también de los reguladores y supervisores, pues se trata de una cuestión de voluntad política.

- En cuanto al capital, el capital real no es el de libros, sino el de libros menos las provisiones pendientes y menos las reservas que fueron registradas y retenidas en relación con beneficios ficticios.

- Es cuestionable que los CoCos, “good will” y DTA sean capital de la suficiente calidad con capacidad de absorción de pérdidas (en posteriores entradas del blog explicaremos estos conceptos que ahora meramente enunciamos).

- El capital debe proyectarse hacia el futuro y cubrir las incógnitas desconocidas (“unknown unknowns”). Si cubre pérdidas actuales originadas en la actividad pasada no nos hallaremos ante capital regulatorio. No se debe “poner dinero bueno sobre dinero malo”.

- Que se preste atención a la gobernanza debe ser bienvenido, pero ello no debería reemplazar a las inspecciones “on site”. La efectividad de la gobernanza llegará en el largo plazo.

- Tratar las posibles crisis de liquidez con recurso al prestamista de última instancia puede ser, en ocasiones, insuficiente, pues dicho recurso no servirá para “rellenar el agujero”, además de que puede generar incentivos perversos para los gestores y supervisores.

- La liquidez masiva suministrada por los bancos centrales puede ser efectiva para “un rato”, pero, si se perpetúa, puede generar serios riesgos. Esta política aparentemente favorable puede ser “un falso amigo” para los gestores bancarios y los supervisores.

- Determinados mecanismos de ingeniería financiera, incluidos los “bancos malos”, deberían ser evitados si favorecen a los banqueros que causaron o presidieron los problemas o supone aplicar “cosmética” para sobrevalorar los activos en libros. Los “bancos malos” deberían comprar los activos malos a precio de mercado.

- El mejor modo para liquidar los préstamos y activos “non-performing” es valorándolos en libros a valor de recuperación o a precio de mercado, respectivamente, de forma que su venta no materialice nuevas pérdidas. La regulación sobre activos improductivos debería ser imperativa para las entidades en lo concerniente a la valoración a precio de mercado.

- IFRS 9 no es, para De Juan, la panacea, pues estas nuevas normas adolecen de algunos defectos: el concepto de “pérdidas esperadas” podría ser interpretado restrictivamente, además de que se mantiene el reconocimiento de los intereses no pagados, uno de los grandes enemigos de la supervisión financiera.

- Los modelos que agrupan préstamos o activos por sectores económicos o productos no generan la suficiente confianza.

- El porcentaje de cada provisión se debería aplicar sobre toda la duración del préstamo, no sobre un periodo de tiempo más corto o al valor presente descontado del activo.

- Si las pérdidas pueden ser sobreestimadas por los supervisores aplicando el método propuesto, siempre será preferible, en este ámbito, el exceso que el defecto.

Aristóbulo De Juan admite que con su propuesta se podría producir la quiebra de algunas instituciones, lo que llevaría a la habitual pregunta: ¿quién debe pagar la cuenta y en qué proporción? ¿Los accionistas? ¿Los acreedores —depositantes e inversores—? ¿La industria? ¿Los gobiernos —los ciudadanos—? Estas preguntas no son ajenas a otras posibles soluciones que se puedan ofrecer.

Con extremada sutiliza, De Juan formula la pregunta del abogado del diablo: ¿qué supervisores fueron los más exitosos a la hora de llevar sus sistemas financieros a la normalidad y a recuperar los fondos que se pusieron sobre la mesa en las operaciones de rescate? Los que estuvieron en vanguardia e inyectaron dinero de los contribuyentes y de la industria, se responde. Quizás, después de todo, haya que revisitar las todavía inmaduras reglas de recapitalización y resolución.

Como dijo McArthur, la causa de todas las derrotas se puede resumir en dos palabras: “demasiado tarde”.

Así concluye el discurso de Aristóbulo de Juan. Corresponde a las autoridades europeas, y a las propias entidades supervisadas, mover ficha, aunque parece que se están dando pasos por la senda correcta, como confirma el interés del Banco Central Europeo exteriorizado en su “Guía sobre préstamos dudosos para entidades de crédito”, de marzo de 2017, y la propia conferencia, con sus propuestas y advertencias, de septiembre de 2017, que acabamos de comentar.

 

sábado, 28 de octubre de 2017

"De buenos banqueros a malos banqueros", de Aristóbulo de Juan

Para los banqueros y, más en general, para los profesionales del sector, incluso para los reguladores, supervisores y resolutores, tener entre manos una obra llamada “De buenos banqueros a malos banqueros” (Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, S.A., Madrid, 2017) es un bocado más que apetecible. Si resulta que la rúbrica bajo el título es la de Aristóbulo de Juan, una de las autoridades mundiales en la materia, la lectura de la obra es obligada.

En nuestra arrogancia, tendemos a pensar que somos los descubridores de ideas o acuñadores de instituciones, técnicas o conceptos, cuando la verdad es que los pretendidos neologismos financieros de nuestra época, como el arpa olvidada de Bécquer, llevan ahí años —o décadas, al menos— esperando que alguien los rescate o tenga la deferencia de preguntar sobre ellos a quienes de verdad los formularon y aplicaron con éxito, como es el caso de Aristóbulo de Juan. Su experiencia como banquero privado pero, especialmente, como sanador de bancos —y del sistema financiero, como efecto reflejo—, no sabemos si ha sido aprovechada adecuadamente durante estos duros años. Él mismo lo dice al comenzar el capítulo 13: “La historia tiene la mala costumbre de repetirse”...

Nos parece que no nos equivocamos si afirmamos que De Juan ha sufrido en algún momento, durante los años de crisis, ante la pasividad de los decisores políticos y las autoridades que se han demorado en la toma de decisiones. Por ejemplo, su artículo “La opción recomendada” (Expansión, 26 de marzo de 2009), termina con la siguiente interpelación: “¿sería posible que las grandes fuerzas políticas lleguen a un consenso, al margen de todo debate partidista, sobre las pautas de actuación a seguir?”.

El libro aglutina diversos trabajos del autor, eminentemente prácticos y fruto de su experiencia pero de una enorme profundidad, comenzando con el célebre artículo que da nombre a la obra, escrito en 1986 para el Banco Mundial, posteriormente editado por dicha institución en colaboración con Oxford University Press en 2002. 

El prólogo del libro está escrito por Fernando González Urbaneja y tras él figura una breve presentación del autor. 

González Urbaneja ofrece algunos detalles biográficos del autor, que fue banquero comercial en Banco Popular en la época de Luis Valls. Tras esta etapa en la banca privada, fue requerido para contener la crisis bancaria de los primeros años ochenta del pasado siglo, con unas autoridades supervisoras sin el bagaje jurídico y financiero necesarios, y sin experiencia práctica. A estas dificultades técnicas se unió un contexto político esperanzador pero complicado. Según el prologuista, Aristóbulo de Juan evitó arbitrariedades, ligerezas y esos pleitos sobrevenidos que condenan el pasado con criterios de futuro. 

Entre los asuntos que conoció profesionalmente podemos citar, por ejemplo, las implicaciones bancarias de la expropiación de Rumasa y la intervención de Banesto. Las tensiones a las que ha debido quedar expuesto, no solo con los banqueros en problemas, son imposibles de imaginar; en el capítulo 7 (“Obstáculos para la resolución de las crisis”) se incluye un diálogo hipotético entre un gobierno y un asesor, «casi “transcrito” de la vida real». En este mismo capítulo no creemos que la mención a la “toma de decisiones sobre una situación de crisis a las tres de la madrugada” sea ficticia, sino más bien lo contrario.

González Urbaneja destaca algunas de las aportaciones recurrentes de De Juan, como el “maquillaje” contable o las operaciones “siemprevivas”, pero la más llamativa para nosotros acaso haya sido la de los “cinco estadios de multiplicación de las pérdidas”: las que estima el gestor, poca pérdida; las del auditor con sus salvedades, el doble; las del supervisor, que dobla los números rojos de los anteriores; las que se desvelan tras la intervención, de nuevo el doble; y finalmente, las que identifica el comprador-salvador, que suele volver a doblar la cifra anterior.

En su presentación, De Juan escribe que el libro debería ser «pequeño, de fácil lectura, con destino a estudiosos, a escuelas de negocios, a banqueros y sobre todo a supervisores. Como un pequeño manual “de cabecera”, basado en la experiencia, no en los libros». Admite que el objetivo común de sus escritos “ha sido siempre influir en cómo las autoridades tratasen los problemas financieros y en la manera en que los gestores llevaron sus bancos. Todo ello con una orientación preventiva”. Además del enfoque técnico, «este libro está impregnado en muchas de sus partes de un enfoque “conductista”, que muestra cómo la naturaleza humana, la psicología y el comportamiento del hombre juegan un importante papel en la marcha de los negocios y, por supuesto, en la banca».

Son muchas las reglas de experiencia y aforismos que nos ofrece De Juan, que resultan más que evidentes con el conocimiento que nos da haber llegado a 2017 sin fenecer en el intento. Pero lo que da valor a su obra escrita y a su agudeza es que estos aforismos fueron, en gran medida, aprehendidos y escritos muchos años atrás. Entre estos principios citamos, por ejemplo, los siguientes:

- Cuando un banco va bien, es transparente, cuando tiene problemas, los maquilla.

- Los buenos banqueros cuando se ven en apuros, se convierten frecuentemente en malos banqueros.

- La supervisión bancaria es un elemento clave para evitar o limitar los daños causados por una mala gestión.

- Si todos los bancos estuviesen bien dirigidos, las únicas razones para que se produjesen quiebras serían las debidas a las circunstancias económicas o políticas.

- Un banco puede haber perdido su capital varias veces, aún manteniendo la liquidez mediante cuentas ficticias y altas remuneraciones a sus pasivos.

- La peculiaridad de la actividad bancaria es que la insolvencia precede invariablemente a la falta de liquidez.

- Son manifestaciones de una mala gestión: la sobreinversión, el crecimiento demasiado rápido, la mala política crediticia, la falta de controles internos y la deficiente planificación.

Un descenso de los dividendos es la señal clave para el mercado de que el banco está deteriorándose. 

- Las peores pérdidas de un banco están ocultas en los créditos clasificados por el banquero como créditos vigentes o “créditos buenos”.

- Para curar un banco enfermo aportar capital es necesario pero no es suficiente. Hay que cambiar a los administradores y gestores que fueron responsables de la situación de crisis, aunque sean competentes y honestos.

- Cuando un banco presta demasiado dinero en comparación con su base de depósitos, tendrá que recurrir al mercado en busca de recursos.

- Si no lo entiendes bien o no lo controlas bien, no lo hagas.

- Cuando un banco está en apuros concentrará aún más riesgos en los peores prestatarios.

- Una práctica fraudulenta es la consistente en la autoconcesión de créditos a favor del banquero o de su familia, que se formalizan de manera que estos nunca se reembolsan al banco.

- Un caso de mala planificación es el de los bancos donde los altos directivos son personas mayores y carecen de los reflejos necesarios para adaptarse al cambio.

- Las estadísticas internacionales nos dicen que se cierran pocos bancos en el mundo, y los que se cierran son de pequeño tamaño, los medianos se cierran en raras ocasiones y los grandes, nunca, pues se considera que el remedio del cierre sería, para el sistema en su conjunto, peor que la enfermedad.

- La normativa eficaz es necesaria pero es insuficiente si no se ve acompañada de una adecuada supervisión. Es preciso, además, que existan mecanismos correctivos y de saneamiento, ya que, de lo contrario, cuando afloran los problemas, la normativa se desacredita y la supervisión se corrompe. 

- La liquidez es el opio del banquero.

- Es preferible el “return of assets” que el “return on assets”.

El libro se cierra con el capítulo 13, titulado “Lecciones prácticas del tratamiento de bancos con problemas”, documento inédito redactado en enero de 2017, del que se publicó una síntesis en El País el 12 de marzo de 2017, y que merece una más que sosegada lectura. Este capítulo contiene, hasta el momento, la doctrina más elaborada por De Juan, que sintetiza en cuatro hallazgos fundamentales que le resultan —nos resultan— axiomáticos:

«En primer lugar, el exceso de liquidez lleva al crecimiento acelerado y emborrona el sentido del riesgo de los banqueros, cosas ambas que son causa muy frecuente de insolvencia.

En segundo lugar, si un banco goza de buena salud, sus libros suelen transparentar la realidad, pero si tiene problemas, serán escondidos bajo la alfombra.

En tercer lugar, “los agujeros” patrimoniales no se pueden rellenar con artificios contables, sino con recursos reales.

En cuarto y último lugar, cuando las cosas van mal, apostar por el paso del tiempo o por un hipotético crecimiento como solución y no por medidas correctivas, por duras que estas sean, empeora las cosas inexorablemente».

La obra concluye con los agradecimientos del autor. Particularmente significativo es el que dirige a Luís Valls Taberner, “catalán, persona excepcional, clarividente, profunda y enigmática, atrevida y prudente a la vez”: “Depositó en mí gran confianza y tenía grandes proyectos para mí. Me fue rotando periódicamente por diferentes puestos de Alta Dirección. Al final, los proyectos no prosperaron. La mala relación profesional entre Luís Valls y Rafael Termes, su Consejero Delegado (que también me enseñó mucho), y los posibles errores que pudimos cometer unos y otros, pudieron ser la causa”.

Debe haber sido particularmente doloroso para una de nuestras grandes personalidades en el terreno de la supervisión haber participado en Banco Popular, sentar las bases de un gran banco bajo la dirección de Luis Valls y verlo desmoronarse años más tarde, con el dudoso honor de haber sido el que ha estrenado el Mecanismo Único de Resolución de la Unión Bancaria de la Unión Europea. 

En el capítulo XXIV de “El Príncipe” (“Por qué razón los príncipes de Italia perdieron sus Estados”) se contiene un consejo de Maquiavelo para los monarcas, que bien podría valer para un banquero y posiblemente sea del agrado de Aristóbulo de Juan: “Es defecto común a todos los hombres no preocuparse de la tempestad cuando hay bonanza”.

martes, 24 de octubre de 2017

El reto de contar con una regulación sólida y con una buena supervisión

En el ámbito financiero ya no hay legislación sino “regulación”, a la par que se piden por el supervisor bancario “more European Regulations [Reglamentos, en español] instead of Directives”, para evitar una transposición en la que cada jurisdicción suele barrer para casa, debilitando el efecto uniformador, propio de un mercado único, del Derecho de la Unión Europea, que también es el de los Estados miembros. Es decir, todo pasa por la regulación, se tome en sentido amplio o más estrecho.

La presidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), la señora Nouy, viene prestando gran atención, en sus últimas intervenciones públicas, a la regulación y a derivaciones de esta como el arbitraje regulatorio.

El 18 de octubre de 2017 ha dictado el discurso “Regulatory and supervisory responses in Europe to the current financial environment”.

En esta disertación, una vez más, afirma que Europa está saturada de bancos (“overbanked”), por lo que es preciso abrir un proceso de consolidación —transfronteriza, de ser posible—. 

El “Informe sobre estructuras financieras”, publicado por el Banco Central Europeo el 23 de octubre de 2017, muestra que el número de instituciones de crédito en la eurozona ha menguado un 25% entre 2008 y 2016; a finales de 2016 eran 5.073 las instituciones de esta naturaleza, que un año antes alcanzaron la cifra de 5.474. En 2016 se cerraron casi 7.000 sucursales bancarias. Pero, para la presidenta del MUS, esto no es suficiente. 

Quizás se debiera tener en cuenta la opinión de los consumidores. Como ya hemos expresado en otro momento, “No vemos al pequeño depositante español dando sus fondos a un banco finés, ni a un sueco solicitar un crédito personal o hipotecario en un banco de la Toscana” (López Jiménez, J.Mª y Torres Casero, J.A., “¿Concentraciones bancarias transfronterizas en la Unión Europea?”, Estrategia Financiera, nº 350, junio de 2017).

Desde el Bundesbank, Andreas Dombret, por el contrario, en un discurso de 19 de octubre de 2017 (“Sometimes small is beautiful, and less is more - a Small Banking Box in EU banking regulation”) aboga por la “biodiversidad” en el ejercicio de la actividad bancaria y plantea si preferimos, en 20 años, que la economía europea se sustente en 50 bancos —generalmente demasiado grandes para caer— o en la existencia de varios miles de entidades con muy diversos modelos de negocio para atender las plurales necesidades de los consumidores. 

Podría ser que una de las causas de esta elevada “mortalidad del sector”, que no para todos es tan alta, sea la excesiva presión regulatoria.

Pero desde el Banco Central Europeo, en el discurso mencionado al comienzo, se señalan aspectos muy razonables que merecen ser tenidos en cuenta. Así, la señora Nouy admite, con Heráclito, que el sector bancario está cambiando constantemente: nuevas tecnologías que se desarrollan, nuevos productos y servicios que se crean, nuevos competidores que entran en el sector como las “Fintech” y nuevos riegos que emergen.

Por tanto, es legítimo preguntarse si el código único normativo (“single rulebook”) ha de adaptarse permanentemente a este intenso discurrir.

La respuesta es que las reglas se deben definir de modo que permitan la adaptación al cambio sin la necesaria revisión de su letra: deben ser lo bastante amplias y estar basadas en principios, coadyuvando a la resiliencia de los bancos y dejando margen a la aplicación del criterio del supervisor.

Sin embargo, la tendencia es que las reglas sean cada vez más específicas y detalladas, para, pretendidamente, cubrir todas las eventualidades, lo que, afirma la presidenta del MUS, es un fin inalcanzable, que, de materializarse, afectaría al supervisor y abriría la puerta al arbitraje regulatorio.

La clave, para Danièle Nouy, con muy buen sentido, descansa en contar con una regulación sólida y con una buena supervisión, pero, para profundizar sobre estos aspectos tan esenciales, nos remitimos, en los próximos días, a nuestra reseña sobre “De buenos banqueros a malos banqueros”, de Aristóbulo de Juan.