«Faber est suae quisque fortunae»

(Apio Claudio)

«Hinc tibi certandi bona parcendique uoluptas:

quos timuit superat, quos superauit amat»

(Rutilio Namaciano)

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lunes, 30 de octubre de 2017

Declaración conjunta AEB-CECA sobre Cataluña: más Constitución y más "Estatut"

Los banqueros suelen ser personas discretas, aunque la presidenta del Mecanismo Único de Supervisión haya apelado a la heroica para alentar a los banqueros “a ser valientes y explorar y conquistar nuevos territorios” (véase la entrada «La Presidenta del MUS y “El Príncipe” de Maquiavelo»).

El banquero debe ser cauto, pues no maneja dinero propio, sino el de los accionistas, los depositantes e inversores, con impacto adicional en un grupo más amplio de interesados.

Esta debe haber sido la razón por la que la segunda declaración conjunta de la Asociación Española de Banca (AEB) y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) sobre Cataluña (la primera es la de 18 de septiembre de 2015, a la que nos referimos en este post) ha llegado ya casi con la partida decidida: nadie podrá decir que han influido con su actuación en los acontecimientos, ni que no han tomado parte.

De modo indirecto, la posición del sector pudo quedar bosquejada con la decisión de Banco Sabadell y de CaixaBank de, en virtud de lo acordado por sus consejos de administración, modificar sus respectivos domicilios sociales y llevarlos fuera de su territorio aparentemente natural.

La breve declaración, que transcribimos más abajo, proclama el compromiso con la Constitución y la legalidad. Esta legalidad no es solo la española, pues nuestras entidades están sometidas mayoritariamente a la regulación y a la supervisión europea. Precisamente, es el marco europeo el que permite el cumplimiento de los esenciales fines que tiene atribuidos el sistema financiero. Más Constitución y más autonomía marcan la senda de la libertad y del progreso económico y social, en conclusión.



“Las asociaciones AEB y CECA manifestamos nuestro compromiso con la Constitución y la legalidad vigente, y nuestra plena confianza en la capacidad de dicho marco jurídico para resolver la situación provocada por la declaración aprobada el pasado viernes 27 de octubre por el Parlamento de Cataluña.

Las entidades financieras integradas en la AEB y CECA están sujetas a la regulación española y europea, así como a la supervisión del Banco de España y del Banco Central Europeo. Están igualmente comprometidas con el cumplimiento de las leyes que emanan de nuestro marco constitucional. Formar parte de la Unión Bancaria les permite cumplir con su misión principal que es proteger y gestionar el ahorro de los depositantes y financiar el crecimiento.

El mejor camino para consolidar la recuperación de la economía y el empleo en Cataluña y en el resto de España es la continuidad del esfuerzo colectivo que, a partir de la Constitución y del Estatuto de Autonomía, ha hecho posible nuestra convivencia en libertad, la presencia de España en Europa y la mayor etapa de progreso económico y social de nuestra historia común”.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La Unión Europea, Cataluña y los banqueros

Son solo cuatro párrafos, cuatro, los de la declaración institucional, de 18 de septiembre de 2015, de las patronales bancaria y del sector de las cajas de ahorros (o de los bancos procedentes de estas), la Asociación Española de Banca –AEB– y la Confederación Española de Cajas de Ahorros –CECA– (presidida por Isidre Fainé), acerca de la posible ruptura del marco estatal básico de convivencia.

Como se señala mediante nota al pie de la declaración, “las  principales  entidades  asociadas a AEB y CECA son: Caixabank, Santander, BBVA, Bankia Sabadell y Popular”. Para qué decir más.

La nota institucional se centra “en los riesgos que para la estabilidad financiera comportaría cualquier decisión política que quebrantara la legalidad vigente y conllevara la exclusión de la Unión Europea y del euro de una parte de España”.

Obviamente, no se entra en cuestiones políticas (los banqueros siempre han sido gente prudente) pero sí en las implicaciones para las entidades mismas con implantación en Cataluña, que posiblemente habrían de abandonar la comunidad autónoma, con la consiguiente reducción de la oferta financiera, en menoscabo de los depositantes y otras personas que entran en relación con las entidades bancarias.

Ciertamente, desde noviembre de 2014, las cinco entidades mencionadas, y muchas otras entidades españolas, están sujetas a la seria y rigurosa regulación europea y a la supervisión por el Banco Central Europeo, en los primeros pasos hacia una verdadera Unión Bancaria, con el año 2024 como punto de arranque efectivo (momento en el que el Fondo Único de Resolución estará totalmente dotado).

La Unión Bancaria no es un fin sino un medio para el logro de otros fines mucho más irrenunciables. Por tanto, es razonable pensar que cualquier paso que se diera debería contar, en último término, con la aquiescencia de la UE y de la UEM.

El último párrafo de la declaración es audaz, pues las patronales se adentran en el terreno del consejo (razonable) dirigido a los líderes políticos “para que, por medio del diálogo, impulsen las reformas que permitan seguir progresando en la consecución de mayores niveles de bienestar y cohesión social para todos”.

Sin prejuzgar la cuestión, y partiendo de que en un régimen democrático como el que nos hemos concedido, todo, absolutamente todo, se puede discutir, jamás ha existido en la Historia un soberano que no estuviera asistido por banqueros.