«Faber est suae quisque fortunae»

(Apio Claudio)

«Hinc tibi certandi bona parcendique uoluptas:

quos timuit superat, quos superauit amat»

(Rutilio Namaciano)

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martes, 24 de octubre de 2017

El reto de contar con una regulación sólida y con una buena supervisión

En el ámbito financiero ya no hay legislación sino “regulación”, a la par que se piden por el supervisor bancario “more European Regulations [Reglamentos, en español] instead of Directives”, para evitar una transposición en la que cada jurisdicción suele barrer para casa, debilitando el efecto uniformador, propio de un mercado único, del Derecho de la Unión Europea, que también es el de los Estados miembros. Es decir, todo pasa por la regulación, se tome en sentido amplio o más estrecho.

La presidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), la señora Nouy, viene prestando gran atención, en sus últimas intervenciones públicas, a la regulación y a derivaciones de esta como el arbitraje regulatorio.

El 18 de octubre de 2017 ha dictado el discurso “Regulatory and supervisory responses in Europe to the current financial environment”.

En esta disertación, una vez más, afirma que Europa está saturada de bancos (“overbanked”), por lo que es preciso abrir un proceso de consolidación —transfronteriza, de ser posible—. 

El “Informe sobre estructuras financieras”, publicado por el Banco Central Europeo el 23 de octubre de 2017, muestra que el número de instituciones de crédito en la eurozona ha menguado un 25% entre 2008 y 2016; a finales de 2016 eran 5.073 las instituciones de esta naturaleza, que un año antes alcanzaron la cifra de 5.474. En 2016 se cerraron casi 7.000 sucursales bancarias. Pero, para la presidenta del MUS, esto no es suficiente. 

Quizás se debiera tener en cuenta la opinión de los consumidores. Como ya hemos expresado en otro momento, “No vemos al pequeño depositante español dando sus fondos a un banco finés, ni a un sueco solicitar un crédito personal o hipotecario en un banco de la Toscana” (López Jiménez, J.Mª y Torres Casero, J.A., “¿Concentraciones bancarias transfronterizas en la Unión Europea?”, Estrategia Financiera, nº 350, junio de 2017).

Desde el Bundesbank, Andreas Dombret, por el contrario, en un discurso de 19 de octubre de 2017 (“Sometimes small is beautiful, and less is more - a Small Banking Box in EU banking regulation”) aboga por la “biodiversidad” en el ejercicio de la actividad bancaria y plantea si preferimos, en 20 años, que la economía europea se sustente en 50 bancos —generalmente demasiado grandes para caer— o en la existencia de varios miles de entidades con muy diversos modelos de negocio para atender las plurales necesidades de los consumidores. 

Podría ser que una de las causas de esta elevada “mortalidad del sector”, que no para todos es tan alta, sea la excesiva presión regulatoria.

Pero desde el Banco Central Europeo, en el discurso mencionado al comienzo, se señalan aspectos muy razonables que merecen ser tenidos en cuenta. Así, la señora Nouy admite, con Heráclito, que el sector bancario está cambiando constantemente: nuevas tecnologías que se desarrollan, nuevos productos y servicios que se crean, nuevos competidores que entran en el sector como las “Fintech” y nuevos riegos que emergen.

Por tanto, es legítimo preguntarse si el código único normativo (“single rulebook”) ha de adaptarse permanentemente a este intenso discurrir.

La respuesta es que las reglas se deben definir de modo que permitan la adaptación al cambio sin la necesaria revisión de su letra: deben ser lo bastante amplias y estar basadas en principios, coadyuvando a la resiliencia de los bancos y dejando margen a la aplicación del criterio del supervisor.

Sin embargo, la tendencia es que las reglas sean cada vez más específicas y detalladas, para, pretendidamente, cubrir todas las eventualidades, lo que, afirma la presidenta del MUS, es un fin inalcanzable, que, de materializarse, afectaría al supervisor y abriría la puerta al arbitraje regulatorio.

La clave, para Danièle Nouy, con muy buen sentido, descansa en contar con una regulación sólida y con una buena supervisión, pero, para profundizar sobre estos aspectos tan esenciales, nos remitimos, en los próximos días, a nuestra reseña sobre “De buenos banqueros a malos banqueros”, de Aristóbulo de Juan.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La Presidenta del MUS y "El Príncipe" de Maquiavelo

Maquiavelo, como estratega, no es ajeno a las finanzas. Por ejemplo, Luis Valls fue llamado el “Banquero Florentino” o “el Maquiavelo de la Banca”. El Diccionario de la RAE define “maquiavélico” como “astuto y engañoso, lo que nos parece, en cuanto al “engaño”, excesivo. Pero ahora no nos interesa el adjetivo, sino la propia persona del estadista florentino, a propósito de unas palabras pronunciadas por la responsable del MUS.


La Presidenta del MUS, la Sra. Nouy, ha realizado unas llamativas declaraciones a su paso por Madrid. Nos referimos al discurso titulado “Too much of a good thing? The need for consolidation in the European banking sector”, pronunciado en Madrid el 27 de septiembre de 2017, en el marco del VIII Financial Forum.

Aunque los banqueros deben ser cautos y discretos, la Presidenta del MUS los incita a ser valientes y a la acción, saliendo de los muros que les dan cobijo. Tras afirmar algo que la realidad parece contradecir, como es que la Unión Bancaria facilita las fusiones transfronterizas (nos remitimos a nuestro artículo “¿Concentraciones bancarias transfronterizas en la Unión Europea?”, Estrategia Financiera, nº 350, 2017), afirma lo siguiente:

“All that’s missing is brave banks that will set sail to explore and conquer this new territory”.

Se aprecia en su expresión un cierto gusto por Maquiavelo, que bajo la rúbrica X de “El Príncipe” ("De qué modo deben medirse las fuerzas de todos los principados”) escribe lo siguiente:

“Conviene tener, al examinar las clases de estos principados, otra consideración: es decir, si un príncipe tiene tan gran Estado que, en caso necesario, pueda regirse por sí mismo, o si tiene siempre necesidad del auxilio de otros. Y, para aclarar más este punto, digo que juzgo que pueden sostenerse por sí mismos los que por abundancia de hombres o de dinero puedan formar un ejército suficientemente poderoso como para dar batalla a cualquiera que llegase a atacarlos: y juzgo que tienen siempre necesidad de otros los que no pueden salir de campaña contra los enemigos, sino que se ven obligados a refugiarse dentro de sus muros y a guardarlos”.

En unos tiempos tan agitados, parece que se impone, también en las finanzas, la máxima atribuida a Vegecio que exacerba la competencia y la supervivencia de los más aptos: “si vis pacem, para bellum”.