sábado, 24 de diciembre de 2016

Luis Valls-Taberner: un banquero inclasificable

Luis Valls-Taberner fue durante años presidente del Banco Popular, aplicando un estilo singular a su presidencia. Fue calificado como el “Banquero Florentino”, “el Maquiavelo de la Banca”, el “Hecho Diferencial”, el “Renacer del Gatopardo”, el “Último Mohicano” o el “Padrino”. 

Vinculado en sus comienzos al mundo universitario, llegó a ser ayudante de Enrique Fuentes Quintana. Inicialmente, deseó fundar una caja de ahorros, entre otros aspectos, porque le parecía interesante no contar con accionistas. Tenía la convicción de que desde la banca es “desde donde mejor se ve y se dirige la economía”. 

Uno de sus libros favoritos era “El arte de la prudencia”, de Baltasar Gracián. 

A diferencia de Gordon Gekko (“I create nothing, I own”) opinaba que desde la presidencia no ejecutiva de un banco (“Me podrán echar por muchas cosas, pero no por firmar un aval, porque no tengo poderes”), trabajando desde lejos y no desde las trincheras, “uno puede dedicarse a crear”. 
 
Admitió que decir “no” es lo difícil, y que esto es lo que te hace libre: “El no por delante supone mucho ahorro en gestiones y negociaciones, lo que se traduce en una mayor eficiencia”.

Falleció en 2006, justo antes del comienzo de la crisis financiera (y después económica, social, política…) que ha transformado la faz del planeta en apenas una década. 

Su sobrino, también Luis Valls-Taberner, ha publicado en 2016 un libro muy personal sobre su tío (“Desapego y libertad. Apuntes de un banquero inclasificable” —Editorial Indicios—), del que hemos tomado algunas de las anteriores referencias.

El sobrino es hijo de Javier Valls-Taberner, que fue nombrado en 1972 vicepresidente del Banco, y, en 1989, copresidente, junto con su hermano Luis.

Como decimos, el libro es muy personal y no pretende ofrecer una biografía amplia y sistemática de Luis Valls, ni siquiera una referencia histórica del Banco Popular. El autor admite la enorme influencia ejercida sobre él por su tío, y trata de rendirle un tributo destacando algunos retazos de su forma de ser y de hacer banca, sin detenerse en —aunque tampoco sin ocultar— los vínculos de Luis Valls con el Opus Dei. 

Del Banco Popular se deja ver, como es conocido, su tradicional carácter de entidad bien gestionada, eficiente, austera, rentable, reconocida nacional e internacionalmente, ajena a los riesgos excesivos. Banco Popular fue la primera entidad que, en 1977, financió al Partido Comunista. El propio Valls estableció lazos personales estrechos con el líder de Comisiones Obreras, Antonio Gutiérrez. 

Destacamos brevemente algunos de los pasajes del libro que reflejan bien la personalidad de Luis Valls-Taberner:

El corto y el largo plazo: “Luis Valls-Taberner solo creía en el largo plazo, pero matizaba que este depende de las decisiones que uno tome a corto, es decir, de esas decisiones de corto plazo y largo alcance”.

El gobierno corporativo: “La organización, cuanto más plana, mejor”. “La manera de organizarse es para el banco tan importante como las personas”.

La rentabilidad: “Porque nos lo hemos propuesto. Afortunadamente, el objetivo de los competidores es otro: unos quieren ser los más grandes, otros los líderes. Otros quieren tener el grupo industrial más fuerte, otros quieren ser más internacionales. Nosotros, atendiendo a la tradición, cantera y cultura del banco, nos empeñamos en ser los más rentables. Pero si estuviéramos en otro banco probablemente los objetivos serían otros”.

La labor periodística: “Creo entender muy bien el trabajo del escritor y en particular el que realiza el periodista. Su labor supone el mayor freno al abuso de poder, político o económico”.

La transparencia: “Mientras, para algunos constituye un freno el ser conscientes de que todo se puede publicar, para otros ayuda a formarse un criterio en la toma de decisiones el saber que todo lo que se hace debe poder resistir, sin escándalo, y sin demasiadas explicaciones, la primera página de cualquier periódico”.

La responsabilidad social empresarial: “La principal responsabilidad que tiene una empresa es generar valor añadido económico. Esta responsabilidad implica la consecución del objetivo de alcanzar y mantener un nivel adecuado de beneficios prestando al mismo tiempo un servicio óptimo a los clientes. El servicio y los beneficios son los dos pilares que garantizan la supervivencia de la empresa, y, por consiguiente, constituyen la meta más importante”.

Las alianzas y las fusiones: “El principio de no dependencia permite actuar libremente, de ahí que nunca haya visto la necesidad de estrechar lazos con otras instituciones más allá de lo estrictamente comercial. Alianzas sí, pero no fusiones. La independencia permite diseñar la política más acertada para conseguir unos resultados adecuados, garantiza la estabilidad del puesto de trabajo de los empleados y hace posible que la empresa mantenga su presencia actual en la sociedad”.

La ética: “Una moda más: las empresas tienen ahora códigos de conducta de régimen interior. Ni la ética en los negocios es una asignatura pendiente, ni la solución está en establecer una cátedra de ética. Los corruptos saben muy bien que sus operaciones no son éticas, lo que les puede es su pasión por ganar dinero. El freno ha de ser externo: la denuncia, la prensa, los jueces. En banca, por ejemplo, todo el mundo conoce `los usos y buenas prácticas bancarias´. Cuando alguien no las cumple no es porque las ignore. Quien falta a la ética no necesita un curso teórico sobre ella: solo el miedo a los periodistas y a los jueces evitará la corrupción”.

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