jueves, 24 de marzo de 2016

Asesoramiento financiero automatizado ("Robo-advice")

El futuro es presente, pero las brumas aún nos impiden contemplarlo y comprenderlo. Las lejanas fechas que nos anunciaban “Regreso al futuro” o “Blade Runner” ya han sido o están a punto de ser alcanzadas. Como en cualquier época de transición, no nos reflejamos adecuadamente en el espejo: somos mucho más de lo que la apariencia muestra. De forma inadvertida, pues en la vida real no siempre se separan nuestros actos nítida y explícitamente como en la comedia griega, la “máquina” se ha integrado con nosotros (o nosotros con la “máquina”, quién sabe…).

Por desterrar cualquier pensamiento espurio que, por inconsciente asociación de ideas, se pudiera vincular con la expresión, prefiero “asesoramiento financiero automatizado” a “Robo-Advice”. “Robo” proviene de “robot”, pero los últimos años no son ajenos a una idea de expolio relacionada con la oferta de servicios financieros que, necesariamente, se ha de superar por el bien de todos.

Las máquinas han ganado importancia en los tres sectores integrantes del sistema financiero: banca, inversión, y seguros y fondos de pensiones.

Como afirman EBA, ESMA y EIOPA (que son las tres Autoridades Europeas de Supervisión) en el “paper” de discusión sobre asesoramiento financiero automatizado, de 4 de diciembre de 2015, este recurso a las máquinas es incipiente en el sector bancario, pero es pujante en el de seguros y fondos de pensiones y está bastante consolidado en el de inversión, aunque no hay actualmente un marco regulatorio común para los 28 Estados de la Unión Europea, sino una serie de reglamentaciones que, fragmentaria e insuficientemente, inciden en la materia.

Asesoramiento, para las tres Autoridades, se ha de entender en su sentido común, no como la prestación personalizada de un consejo de contratación, y puede abarcar numerosas modalidades, desde las aplicaciones informáticas para controlar las finanzas personales, comparar las comisiones de los diversos servicios o acceder a educación financiera, hasta las aplicaciones algorítmicas que, tras un cuestionario, ofrecen, en sentido riguroso, ahora sí, una recomendación personalizada dirigida a un concreto usuario. 

La automatización puede ser plena, sin que sea necesaria en absoluto la intervención humana, o más o menos autónoma respecto a la participación, en algún momento del proceso, de personas.

Sin duda, el “asesoramiento financiero automatizado”, en sentido amplio, ofrece ventajas e inconvenientes. Entre los beneficios destaca la mayor oferta de servicios e información al alcance de los usuarios y la previsible reducción de costes para estos, y, entre los riesgos, que los usuarios no comprendan adecuadamente la información o el consejo recibidos, o los errores técnicos que, sin la intervención humana de por medio, los pueden confundir aún más.

Aunque el debate acaba de comenzar y esta breve aportación no es más que la inicial, en un análisis que, sin duda, desarrollaremos en lo sucesivo por la importancia de la materia, nos parece necesario remitirnos a las palabras del Nobel de Economía Robert Shiller, tomadas de su obra “Las finanzas en una sociedad justa (Dejemos de condenar el sistema financiero y, por el bien común, recuperémoslo)” (Deusto, 2012):

«[…] el valor de los servicios financieros “humanos” es tan esencial que la provisión de estos servicios para las personas de ingresos modestos ha de incentivarse y subsidiarse [un asesor financiero independiente en los USA cobra, por una hora de trabajo, entre 75 y 300 dólares], ya sea por parte del gobierno o de instituciones filantrópicas. Hay algunos programas informáticos financieros que seguirán desarrollándose, y se convertirán en una parte todavía más importante de las herramientas de los asesores. Los medios sociales ayudarán a los asesores a extender sus consejos a más y más gente. Y, con todo, la asesoría financiera personalizada será siempre un prerrequisito esencial para un capitalismo financiero satisfactorio».

Por tanto, por mucho que la técnica se desarrolle, tanto en la fase inicial de su diseño como en el momento culminante de la formulación de una recomendación personalizada, siempre debería concurrir el elemento humano. 

Además, se ha de ser cuidadoso con los servicios “low cost”, que a la larga pueden terminar siendo terriblemente caros, y con la falta de independencia del asesor, sea persona o máquina, especialmente en países como el nuestro, en los que el peso de las redes bancarias en la oferta de todo tipo de servicios financieros es tan relevante.

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